
Todo buen cervecero sabe que cada tipo de cerveza se sirve de un modo distinto, dependiendo de la corona de espuma y el tipo de vaso en el que se sirva. Sin embargo, hay otros cerveceros, la gente brava, que sirve según su inspiración.
La semana pasada me invitaron a la casa del célebre “Piolín”, un amante de las bebidas espirituosas cuya morada se ha convertido en un verdadero templo dedicado al Dios Baco. Ni bien llegamos subimos al tercer piso donde ha instalado su rincón cervecero. Una barra muy bien surtida, con cómodos asientos de cuero, rodea una mesa de billas que cada fin de semana revienta de amigos que llegan de todas partes para tomarse unas chelas.
La gente estaba pilas, así que no demoró en llegar el momento de las apuestas. Empezó Daniel diciéndome: “Te aseguro que no puedes servir un vaso de cerveza sin nada de espuma”. Eso fue suficiente para que empezara el contrapunto. Mi pata Cesarín intervino asegurando tener un método infalible. De pronto, destapa una botella y la introduce en un jarro chopp de medio litro de capacidad. El pico de la botella tocaba el fondo del jarro y conforme se llenaba levantaba la botella. A esta forma de llenar el vaso se le conoce como “el tirabuzón”, pero al final quedó un poco de espuma en la superficie así que no ganó la apuesta.
Fue entonces que Alfonso prometió servir un vaso “rayao”, a la moda del Callao. Inclinó el vaso ligeramente haciendo lo mismo con la botella. Sirvió, sirvió, sirvió, siguió sirviendo hasta que en la superficie del vaso parecía que no quedaría ni el más mínimo rastro de espuma, pero tampoco lo logró y finalmente nadie ganó.
Sin embargo, todos coincidimos en que esa es la forma correcta de servir la cerveza, dejando reposar unos instantes antes de llenar el vaso, siempre con un poco de espuma que sorber al momento de empezarla a disfrutar. ¡Prost!




