miércoles, 13 de mayo de 2009

Tomándose unas “aguas”


Para el buen cervecero la calidad del agua es una razón más que suficiente al momento de elegir una cerveza de calidad premium. Dicen los conocedores, por citar solo dos ejemplos, que no es lo mismo tomarse una Cusqueña en el Cusco que en Lima. O una Arequipeña en Arequipa que en cualquier otro lugar. Eso mismo me dijo Raúl, luego de regresar de la Ciudad Imperial, ante la pregunta: ¿Y qué te parecieron las cusqueñas? No sabía si le hablaba de las chicas o de las chelas. Solo me dijo: “Muy buenas”. Seguro que se refería a las dos.

Esta no es una cuestión de regionalismos ni de excesivos refinamientos, más bien se trata de saber apreciar la calidad de una buena cerveza. Todavía recuerdo cuando a inicios de los noventa, la cerveza Cusqueña era “importada” del Cusco a Lima en six packs. Fue el comienzo de un boom cervecero que no paró hasta la inauguración de una planta embotelladora en la mismísima capital de la República, con una inversión cercana a los 100 millones de dólares. Todo un desafío para una marca que pretendía conquistar el mercado limeño. Y vaya que lo consiguió, porque hasta se convirtió en sponsor de uno de los equipos de fútbol con mayor arraigo en el país.

Existen algunos mitos urbanos en relación a las cervezas peruanas. Algunos dicen que las cervezas envasadas en botellas pequeñas tienen mejor sabor. O que la cerveza enlatada pierde mucho en sabor por una cuestión de envase. O que una cerveza importada no tiene punto de comparación con una cerveza nacional. Todos estos mitos marchan en función de la calidad del agua, el envase o el tamaño de la botella parece no influir mucho en la calidad del producto. Es cierto que el agua limeña es dura, rica en minerales, pero las plantas cerveceras cuentas con pozos de agua que les permite obtener un elemento básico para la elaboración de sus productos.
La pregunta final es ¿cómo saber reconocer una cerveza hecha con agua de calidad, perfectamente tratada y con esas características que la hacen inconfundible para nuestro paladar? La respuesta sería que esto es casi imposible a simple vista o al primer sorbo, pero como siempre solemos decir cuando nos reunimos con amigos alrededor de unas buenas cervezas y un piqueo, las bondades de la buena cerveza se comprueban al día siguiente. Cero dolor cabeza y malestares estomacales, son los mejores síntomas para distinguir una cerveza de calidad, elaborada con la mejor agua y los mejores ingredientes posibles.



¡Salud!

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