viernes, 24 de abril de 2009

El nuevo point trujillano


Un viaje de negocios me llevó hacia el Norte, exactamente a Trujillo la “Ciudad de la Eterna Primavera”. Luego de un agitado día, unos buenos amigos trujillanos, a quienes conocí en el balneario de Las Delicias, me llevaron al point de moda donde se reúne la gente que quiere disfrutar de unas buenas cervezas.
Digo buenas cervezas no por la cantidad sino por la variedad. Entre las Ales y las Lager, encontré en la carta por lo menos 20 tipos distintos de cerveza. Ante tal abanico de posibilidades, los anfitriones te orientan sobre las características de cada cerveza y cuál puede ser la adecuada para degustar en ese momento. Yo elegí la Brown Ale, con un grado de alcohol cercano a los 4°, su sabor me hizo recordar a la Cusqueña negra.
El local se llama GAP y está ubicado en la Av. Larco. Es alucinante, de arquitectura moderna y monumentalmente grande; calculo que pueden ingresar alrededor de 200 personas, cómodamente instaladas en dos niveles. El día que fuimos jugaban Juan Aurich contra el CNI, así que nos sentamos para ver el partido en una de las pantallas gigantes, mientras disfrutábamos de unas cervezas y variados piqueos.
Lo novedoso de este lugar es que tras los mostradores uno puede apreciar los enormes tanques de acero donde se produce la rubia bebida que tanto nos encanta. Es, sin duda, todo un espectáculo para quien visita el lugar por primera vez, observar como la cerveza se desliza lentamente hacia los surtidores –de tres litros y medio de capacidad- para luego instalarse en tu mesa y poder disfrutar de una bebida servida a la temperatura ideal, en la cantidad necesaria y en el momento exacto.
Esto me hizo recordar los rincones cerveceros que conocí durante mis años de estudio en Alemania, especialmente los locales donde se produce la cerveza de manera artesanal.
La verdad vale la pena darse una vuelta por Trujillo y visitar este point cervecero, más aún si se trata de pasar un grato momento con tus patas saboreando una buena chela.

Visitando “huariques” limeños


La semana pasada recibí la grata visita de una pareja de amigos alemanes a quienes conocí durante mi estadía en Hamburgo. Estaban de paso por Lima pues se embarcaban para el Cusco al día siguiente. Como no había mucho tiempo para hacer un city tour, qué mejor idea que llevarlos a conocer uno de los famosos “huariques” de nuestra ciudad.

Era la primera vez que escuchaban esa palabra así que les expliqué que un “huarique” es un lugar donde se pueden degustar los más deliciosos platos, destacando uno particularmente exquisito que resulta ser “la especialidad de la casa” y cuya receta es celosamente guardada a través de generaciones. Como diría nuestro reconocido chef Gastón Acurio, el “huarique” es “cualquier lugar de buena cocina y sin muchas pretensiones”.

Entonces decidí llevarlos donde “Sonia”, una de las más renombradas cebicherías ubicada en Chorrillos. En el camino, les conté que el esposo de Sonia era pescador y ella comenzó vendiendo el pescado en la playa para más tarde preparar su tan apetecido cebiche. Mis amigos quedaron encantados no solo con la historia sino también con el ambiente cálido y familiar que encontraron.
Luego de ubicarnos cómodamente en una de las mesas, pedí, como no podía ser otra manera, el “cebiche especial de Sonia”. Después de aproximadamente veinte minutos llegó a nuestra mesa un apetitoso plato con trozos de pescado y mariscos frescos marinados con jugo de limón y pulpa de cangrejo, acompañado como siempre de su choclo y su pedazo de camote, un verdadero manjar.
La explosión de sabores en el paladar así como el sofocante calor hicieron que no tardaran en llegar a la mesa un par de refrescantes Cusqueñas, la fuerza del limón encuentra el equilibrio perfecto en una cerveza y permite saborear y disfrutar al máximo de nuestro incomparable cebiche.
Pasamos una tarde bacán en la que no faltaron las anécdotas y recuerdos de mi paso por tierras germanas. Me despedí de mis queridos amigos con un fuerte abrazo y el compromiso de que antes de retornar a Alemania, los llevaré a otro “huarique” para seguir descubriendo el placer del buen comer y, por supuesto, del buen beber.
¡Prost!

Calidad versus precio



La guerra de las cervezas, como toda guerra conocida y por conocer, es de por sí absurda. No sé si por tratar de vender más o por querer demostrar que la preferencia del público se basa en la cantidad de botellas vendidas, algunas compañías tratan de conquistar el mercado cervecero sin medida ni clemencia. Cálmense, que para todos hay.
Siempre la competencia es saludable, más ahora que tenemos numerosas marcas de cerveza en el mercado. Se calcula que para fin de año el consumo per cápita en el Perú alcanzará los 45 litros, cifra que se ha duplicado desde el 2001 en que empezaron a llegar nuevas compañías que instalaron sus fábricas en el país. Toda esta variedad de marcas permite ahora escoger que marca y tipo de cerveza nos place.
Es cierto que ahora existen cervezas orientadas a segmentos determinados. Tenemos una que dicen se identifica con el público juvenil; otra dirigida a un segmento masivo que no se fija mucho en etiquetas ni en sabores; otra dirigida a la “gente mayor”, a los “maestros”; y también una hecha especialmente para mujeres. En suma, las hay para todos los gustos, géneros y edades. De ahí que mi apuesta es dejar elegir a la gente y no marearlos con promociones que desvirtúan el disfrute de una rubia que merece el mayor de los respetos.
Al buen cervecero no se le puede sorprender. Total, como nunca me cansaré de decir, la cerveza es una bebida hecha para disfrutarse plenamente, beberla sorbo a sorbo disfrutando de su cuerpo, su sabor y ese inconfundible amargor que la convierten en un verdadero placer para los sentidos. Ah pero eso sí no se olviden beber con moderación y si manejan no tomen y si toman inviten.
¡Prost!

Un buen tour cervecero


En mis habituales recorridos por bares y pubs de la ciudad, compruebo que la cerveza es una de las bebidas favoritas al momento de brindar, celebrar o simplemente disfrutar de un buen momento acompañado de una buena bebida.
El viernes pasado y luego de un estresante día de trabajo, animé a mis patas a visitar algunos “points” donde la cerveza es la reina de la noche. Empezamos en el 73, en Barranco, donde las carnes asadas y los sándwiches de lomo, fueron acompañados con una rica cerveza.
Nuestra próxima parada fue el Zurich, en Miraflores, exactamente en la cuadra siete del jirón Bolognesi. La música, los platos criollos y su gran variedad de sándwiches, casi siempre se sirven con cervezas de todo tipo. Nosotros elegimos para la ocasión la Cusqueña de trigo, una cerveza de edición limitada, pero que cada día logra más seguidores.
Haciendo escala en San Isidro, decidimos pisar el mítico Superba, al costado del antiguo cine San Isidro. No se pueden perder el célebre tacu tacu montado con bistec apanado o el recomendado sándwich con jamón del país, fácilmente acompañados por una cerveza bien fría, en su temperatura ideal, ni helada ni tibia, para complacer el paladar de los amantes de la buena birra.
Bordeando la medianoche y full pilas, decidimos regresar a Barranco en busca de un lugar para escuchar buena música, no sin antes beber la última cerveza del tour acompañada con unos anticuchos bravazos donde Ricardo, en Lince, con ese inconfundible olor y sabor característico en las buenas asaduras que se sirven en ese reputado lugar adonde llegar comensales de todas partes de la ciudad.
Sin duda fue una noche plena de sabor y color, acompañada de unas buenas cervezas. Partimos a Barranco, satisfechos y comentando las bondades de lo disfrutado a lo largo de toda nuestra ruta. Fue entonces cuando acordamos que esta experiencia debe repetirse lo antes posible. Que así sea. ¡Salud!